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Otra anécdota para el recuerdo.

¿Qué tenés en la cabeza?

           Otro viaje en compañía de mis ex compañeros - fresco todavía en mi memoria el realizado no hacía un año aun a la tierra del buen sol y del buen vino -emprendo con alegría al que fuera invitado rumbo a Paraná. Me preocupo, por ser un pajuerano, en acudir en hora para la partida desde un lugar no frecuente para un viajero. No sin sorpresa compruebo que no he sido el único puntual, ya que, a la hora indicada, las 7, ya estábamos todos en el vehículo que nos transportaría a la ciudad entrerriana y, con una  agradable sorpresa, la presencia de Mazzuchelli a quien yo no veía desde hace mucho tiempo, por no decir desde los tiempos del Liceo. Al decir todos no incluyo a quienes se incorporaron al grupo en el camino: Zanelli, Ozu, Watanabe y Tomidokoro, quienes lo hicieron en la Panamericana, y “Fito” Rodríguez que nos esperó en San Nicolás.

           Incorporado “Fito” al grupo, previo  y abundante refrigerio en algunos casos, se continuó la marcha hacia la ciudad de nuestro destino. Para completar la totalidad de la “troupe” nos faltaba el local, Franz Blaha. Durante la marcha se revivieron recuerdos que cada uno tenía sobre lo vivido en aquellos nuestros años de estudiantes y otros más actuales. Ya próximos a Rosario la mayoría decidió no ir a nuestro destino por la ciudad de Santa Fe y el túnel subfluvial, al que conoceríamos en esos días, sino tomar por el Puente Victoria, de no muy vieja construcción, que alguno de nosotros no conocíamos; así se hizo y disfrutamos la vista de esa obra de ingeniería que cruza el río Paraná y nos depositó en la Provincia de Entre Ríos.

           En la ciudad de Victoria bajamos un rato en el Monasterio del lugar, de donde casi arrancamos, siguiendo en camino, sin varios de los viajeros. Los “responsables” del “Tour” – entre ellos Krauss -, advertidos del faltante detuvieron la marcha del colectivo y tras varios toques sonoros de bocina recuperamos a los ausentes, cuyos nombres no voy a mencionar. Estos se encontraban enfrascados en la compra de diversos recuerdos del lugar, en alguno de los casos brebajes y otros artículos vendidos en la sala montada al efecto en el salón parroquial, ignorándose el destino que los adquirentes darían a tales compras, no siendo estas las más originales como relataré un poco más adelante.  Los retrasados fueron recibidos en el ómnibus con el cántico de rigor que calificaba su demora. Esta es mi contribución modesta a la CAHQUIN, siempre atenta a la verdad y a la conservación de la memoria de la XV en todos sus aspectos, pese a haber permitido la difusión de un anónimo relatando un célebre partido de truco.

           A todo esto era pasado el medio día, hora del popular morfi, el que - salvo los avisados (o avivados) que se procuraron un abundante refrigerio en San Nicolás - muchos deseaban urgentemente. Rutas solitarias, pueblos rurales a la hora de la siesta, amplias praderas sembradas y muy verdes, y el largo camino, indicaban que hasta llegar a destino el almuerzo era una utopía. Llegados por fin a Paraná City, pasadas las 3 de la tarde y sin almuerzo a la vista, para preocupación de varios, fuimos recibidos en el hotel previsto por Blaha y sus dos hijos menores, la señorita Michelle y el señor Fausto, gentiles acompañantes nuestros en varios de los paseos. Nos ubicamos en las habitaciones, dejamos nuestros petates y bajamos de inmediato para la primera de las excursiones programadas, esta vez con la colaboración de una amable guía de turismo que Franz comprometió para la ocasión.

           La primera visita fue a la Catedral, magnífico templo de antigua construcción, de columnas de mármol de Carrara y otros materiales de lujo. De las figuras religiosas que adornan el edificio recibimos información precisa de su antigüedad y detalles lo que, pese a su interés, sería muy largo enumerar. Luego y para que la guía nos informara sobre los antiguos edificios que circundan la plaza principal de la ciudad, ubicada frente a la mencionada Catedral, nos trasladamos, siempre en grupo, a dicha plaza. Allí se produjo uno de los hechos que quiero destacar y poner de manifiesto para los registros que tan prolija y celosamente lleva la CAHQUIN.

No podemos olvidar quienes viajamos el año pasado a Mendoza que en la localidad de Puente del Inca el siempre recordado “Pepe” Demarco,  adquirió en aquella ocasión un voluminoso sombrero negro tipo americano-mejicano que se encargó de lucir orgulloso en cuanta oportunidad tuvo durante el resto del viaje.

           Pues bien, para no ser menos, en esta ocasión, un prestigioso galeno compañero nuestro, Tomás Watanabe, se compró en un kiosco ubicado en la plaza de la ciudad, una gorra con visera, de las antiguamente denominadas “pocho”, de color rosa, adornada con lentejuelas muy brillantes en la parte anterior como para no pasar desapercibida en ningún momento, en contraste  manifiesto con las sobrias azul marino, habituales en las cabezas de los otros ex cadetes.

           El poseedor de esta gorrita rosa se encargó de lucirla también en cuanta ocasión tuvo durante el viaje, orgulloso y con su prestancia habitual, salvo en las dependencias de la Fuerza Aérea.

           Lo recuerdo en el Restaurante “Quincho del Sol”, en la visita a la sala de proyecciones y a la de control del túnel subfluvial y en lo de nuestro anfitrión Blaha, lugar donde por otra parte, hemos disfrutado un momento espectacular en compañía de toda la familia del flaco Franz, quienes, bajo la dirección de su esposa, Sofía, generosa y hospitalariamente, y  junto a sus hijos, se ocuparon de hacernos pasar un rato inolvidable. Allí el Dr. Watanabe vistió su cabeza con la gorrita color rosa, alardeando por ello, como por la personalidad que había que tener para usarla, amén de otras alabanzas hacia su persona al mismo respecto. De todo ello han de tenerse pruebas acabadas y contundentes que aun no obran en mi poder, con la filmación que de todo del viaje habrá tomado el verborrágico Herrera con su instrumental, el mismo que portó en Mendoza, y de cuyo video  estamos ya disfrutando. En cuanto a la gorra rosada, su uso se podrá comprobar también en fotografías que pueden haber tomado otros de los concurrentes al viaje, por ejemplo “Cacho” Penna.

           Para no alargar este aporte a la página de la promoción no voy a hacer referencia al resto de lo vivido en éste “nuevo viaje de egresados”. Sólo destaco que la pasamos muy bien y que pudimos comprobar una vez más que hicimos algo positivo, gratificante y placentero, y, parafraseando a “Chacho” Lanosa digo “…y extrañamente, como entonces, nos encontró juntos”…

           Si la anécdota es larga, pido disculpas, así salió, un abrazo grande para todos.

 

 

Oscar Peleitay